Cartel de la XIX Bienal

Ver todos los Artículos


A Ricardo Cadenas (Sevilla, 1960) le sorprendía ayer, al concluir la presentación de su cartel para la XIX Bienal de Flamenco, que nadie le hubiera preguntado aún por la rueda de bicicleta que había introducido en la esquina superior izquierda. Porque la atención de la mayoría de los asistentes a la puesta de largo de la imagen gráfica de la próxima Bienal se centraba en la identidad de los tres intérpretes dibujados por este pintor e ilustrador, uno de los mejores exponentes de la fértil generación de artistas sevillanos que eclosionó en los años 80. Algunos de ellos, como Manolo Cuervo, respaldaron ayer a Ricardo Cadenas en un acto que contó con la participación del delegado de Cultura, Antonio Muñoz, el director del ICAS, Francisco Cerrejón, y el propio director de la Bienal, Cristóbal Ortega.

En su obra, Cadenas representa al intérprete y coreógrafo Vicente Escudero, autor del célebre Decálogo del buen bailarín, ataviado con sombrero y en una pose despreocupada que recuerda por momentos a Fred Astaire. Cruzando el aire y trazando una línea que los une con Escudero, vemos los brazos y las manos del bailaor que probablemente ha asumido con más empeño y cariño sus enseñanzas, entre ellas el punto décimo -“lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos y sin otros accesorios”- del Decálogo: el sevillano Israel Galván.

Vicente Escudero vivió una temporada en París y allí contactó con las vanguardias artísticas, que dejaron un notable poso en su estilo y forma de bailar. Esa influencia es precisamente la que invoca la rueda de bicicleta invertida y colocada sobre un taburete de madera, homenaje de Cadenas a Marcel Duchamp, “el artista que fue un punto de partida de las vanguardias y de inflexión en la historia del arte en general”.

Al enfrentar la célebre Rueda de bicicleta de Duchamp con Escudero y Galván, Cadenas subraya su acepción del flamenco “como un arte donde no hay dos bloques, uno purista y ortodoxo, y otro vanguardista y heterodoxo. El flamenco constituye una poderosa mezcla de elementos de la tradición y de otros tomados de la modernidad”.

Además de inspirarse en la capacidad del arte jondo para conectar clasicismo y vanguardia, el pintor ha subrayado su carácter internacional con un globo terráqueo que también parece rotar sobre su eje en esta obra donde todo gira, se mueve “y hasta baila”, como apreció Cristóbal Ortega.

En cuanto a la técnica empleada para anunciar la XIX Bienal, que se celebrará del 9 de septiembre al 2 de octubre de 2016, Cadenas precisó que su propuesta consta de dos partes: por un lado, una composición a base de fragmentos de papel coloreados a modo de collage y, sobre esta superficie de color, un dibujo sobre acetato línea a línea. “Esta superposición ofrece la posibilidad de incluir el azar en el resultado final, un elemento que considero esencial en todos mis dibujos y pinturas”, reflexionó. Un pentagrama y una bailarina de escuela bolera que el artista identificó como Rosario, la compañera de Antonio el bailarín, acentúan el dinamismo de esta elegante composición que usa colores suaves, como el rosa y el naranja. Como avanzó en su día a este medio, Ricardo Cadenas era partidario de romper esa relación reiterada y persistente del flamenco “con el rojo y el negro del hábito del carmelita y del fuego de la pasión castiza” porque, en su opinión, “se puede hablar de flamenco usando cualquier registro cromático y formal”.

Su hermosa aproximación al flamenco como un arte polivalente, “que puede resultar desgarrador pero también dulce y melancólico”, se codea desde ayer en el Convento de Santa Clara con las de sus precursores en una muestra que reúne las obras originales que han pregonado la Bienal desde que Joaquín Sáenz le puso imagen, en 1980, a la primera edición.